Un muro de miedo,
un pasado que atrapa,
las cadenas del tiempo
que no aflojan, nada escapa.
Se derrumban los sueños,
las ilusiones del niño,
del hombre, solo ruinas.
de sus ideales, nada.
Y el futuro, sombrío,
acecha como un lobo,
y llena el alma de frío.
No hay luz al final del camino
Oscuridad y hambre.
Soledad y hastío.
La esperanza no alumbra.
Toda FE se ha perdido.
Es el sabor de la derrota,
de la caída al vacío.
De los sueños que mueren,
del fracaso y el olvido.
Una celda sin ventanas,
sin puertas, sin salida.
Así siente el alma
del que pierde aquello
por lo que tanto ha sufrido.
Prisionero de sus ambiciones,
esclavo de sus errores.
No logra olvidar, y sobre todo
No alcanza a perdonar.
A perdonarse a sí mismo.
Es ahí, en el pozo de la desesperanza
cuando ya nada más queda,
que el hombre baja los brazos,
y rinde el espíritu.
En el fondo del desencanto,
que más queda?
Al hombre le quedan sus manos,
sus labios, su voz.
Solo puede cantar.
E intentar sonreír,
a la espera del alba.
La prisión de la derrota,
con sus muros de imposible,
solo sucumbe cuando el tiempo pasa,
Tiempo, que con su fuerza erosiona
hasta las rocas más duras
que encierran al alma.
Y cuánto más que el tiempo,
hay otra fuerza sin barreras
que rompe las más duras cadenas,
y derrota al más profundo de los miedos.
Es la fuerza del Amor,
del amor que no claudica,
Y que empuja con fuerzas
desde el otro lado del muro.
Hombre, sonríe y canta.
Enfrenta cada desafío,
cada derrota,
con un silbido
y una sonrisa.
El amor y el tiempo
vendrán al rescate.
Si has amado, no hay dudas,
será tu voz el estandarte
que guiará los pasos de quien Amas
hasta que sus brazos
alcancen a los tuyos
Y esos muros que te encierran,
finalmente caigan.
Cristhian Parra
Feb 14, 2013
10:00 am
Trento, Italia
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